El Eslabón Perdido

Es un auténtico placer para mí traducir e introduciros a Richard Cassaro y su fascinante libro ‘The Missing Link’, en el que presenta una crucial conexión iconográfica en nuestra búsqueda de una avanzada cultura madre en las antiguedades “prehistóricas”.

Un importante descubrimiento expuesto en mi nuevo libro, The Missing Link, tiene el potencial de ampliar todo lo que aprendimos en la escuela acerca de las antiguas civilizaciones y religiones.

Durante el curso de mi investigación y viajes para visitar las ruinas y artefactos de la antigüedad, repetidamente encontré variaciones de los mismos misteriosos “iconos” por todo el mundo. El Icono de Dios Mismo* -término que uso para describir mi descubrimiento- es una representación prominente en la mayoría de culturas  antiguas, como muestra el collage que sigue:

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“Iconos de Dios Mismo” una prominente representación de la mayoría de culturas antiguas, arrojan serias dudas acerca de las teorías convencionales sobre la evolución espiritual humana y el surgimiento de las civilizaciones.

(*) Nota del traductor Rahmakandra: GodSelf es un término que se empieza a expresar en artículos académicos de los años 70 para expresar el uso de manera enfática y reflexiva correspondiente a Dios, como una alternativa a “el dios” o “la diosa”. Usando un género común cuya traducción más próxima al original es “Dios Mismo”, aunque he de reconocer que me gusta mucho más su original GodSelf.

La primera vez que expuse mis primeros descubrimientos del Icono de Dios Mismo fue en mi libro del 2001, Written in Stone. Desde entonces he encontrado motivos más poderosos aún para centrar la atención en este remarcable patrón. Mi nuevo e-book, The Missing Link: Poderosas Nuevas Evidencias de una Avanzada Cultura Madre de la Edad Dorada en la Remota Prehistoria, provee un análisis más en profundidad de mi descubrimiento del Icono de Dios Mismo.
El Icono de Dios Mismo es una representación de una figura central, hombre o mujer mirando al frente que sostiene con  sus manos hacia fuera del cuerpo o bien un par de animales o un par de bastones de forma simétrica. Estos objetos gemelos representan principios opuestos y la figura central representa al héroe o sabio que combina esos dos principios opuestos creando el equilibrio espiritual que abre nuevas puertas a la percepción y da lugar a la centralidad del ser.
Los estudiosos de lo oculto reconocerán inmediatamente en esta descripción el antiguo concepto de la ‘coincidentia oppositorum‘ (coincidencia de opuestos). Este es uno de los sentidos centrales del Icono del Dios Mismo, como veremos después.
El Icono de Dios Mismo es una representación central en el arte y los artefactos encontrados en el antiguo Egipto, Asiria, Babilonia, Perú, México, Colombia, Costa Rica, África, China, Camboya, Mesopotamia, India, Creta y muchos otros sitios. En casi todas estas civilizaciones, el Icono de Dios Mismo puede ser seguido hasta una época antigua y aún en formación. Mientras más atrás miramos, más podemos ver al Icono de Dios Mismo.
Un claro ejemplo de esto lo tenemos en Perú, donde los Incas fueron meramente la última y definitiva cultura en usar el Icono. Si miramos hacia una antigüedad mucho más profunda, vemos múltiples versiones del Icono de un lado del país al otro.
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Todas las civilizaciones pre-Incaicas que una vez florecieron en Perú, no solo usaron el Icono divino, sino que consideraban este símbolo como el pináculo de su cultura. Estas culturas, incluidos los Chachapoyas, Chacay, Chavin, Chimu, Moche, Nazca, Paracas, Sican-Lambayeque, Tiahanaco (Bolivia) y los Wari. Académicos del Nuevo Mundo se dieron cuenta de la importancia de este símbolo y lo llaman el “dios del bastón.” Encontramos la siguiente explicación del “dios del bastón” en Wikipedia:
“El Dios del Bastón es una gran deidad en las culturas Andinas. Normalmente representada sosteniendo un bastón en cada mano… sus otras características son desconocidas, a pesar de que es a menudo representado con serpientes en su sombrero o ropas. La representación más antigua que se conoce del Dios del Bastón fue encontrada en unos trozos de calabaza partida en un enterramiento en el Valle del Río Pativilca… Y la prueba de datación por Carbono lo señala en el año 2250 aC. Esto le hace la imagen más antigua de un dios encontrada en las Américas.”
—Wikipedia
Este mismo Icono, exactamente en la misma “pose”, se extendía entre las culturas del Viejo Mundo del Hemisferio Oriental. Académicos del Viejo Mundo llaman a este Icono “Maestro de los Animales.” Esta es la entrada de la Wikipedia para el “Maestro de los Animales”:
“El Maestro de los Animales o Señor de los Animales es un motivo del arte antiguo que muestra un humano agarrando dos animales confrontados. Está muy extendido en el arte del Antiguo Oriente Próximo y Egipto… A veces también posee su equivalente femenino, la llamada Señora de los Animales… Todos ellos pueden tener su precursor en la Edad de Piedra…”
—Wikipedia
Aquí hay varias representaciones del Icono -llamado Maestro de los Animales en el Antiguo Mundo- de la antigua civilización de Jiroft, que data de Persia (3er milenio tardío aC):
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A pesar de reconocer el Icono en sus respectivas disciplinas, académicos de las culturas del Mundo Antiguo y del Nuevo Mundo han:

(a) fracasado al reconocer la presencia mundial del icono

(b) fracasado al entender que el icono guarda el mismo significado en todo el mundo

(c) fracasado al conectar (a) y (b), y así permanecer inconscientes de que EL “ICONO DE DIOS MISMO” ES EL SÍMBOLO PERDIDO DE UNA ANTIGUA RELIGIÓN UNIVERSAL una vez conocida en todo el mundo.

Mi libro presenta múltiples análisis comparativos del Icono que se derivan de culturas que han sido consideradas ajenas una de otra por patrimonio o por falta de posibilidades comerciales.

Aquí tienes un ejemplo:

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La similitud entre las imágenes de arriba son verdaderamente sorprendentes. No solo la forma general es una coincidencia perfecta, sino incluso los pequeños detalles coinciden perfectamente -las manos en paralelo, codos, cuerpo rechoncho y bastones alargados en cada mano de forma simétrica.

Echa un vistazo más de cerca:

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Esta imagen en roca del dios egipcio Bes tiene un gran parecido con la piedra grabada de Viracocha en la Puerta del Sol en Tiahuanaco, Bolivia.

Diferencias estilísticas aparte, los antiguos maestros constructores egipcios (en el Norte de África) que crearon el Icono de Dios Mismo, llamado Bes, y los antiguos maestros constructores de Tiahuanacan (en Sudamérica) que crearon la imagen de Dios Mismo en Bolivia, llamada Viracocha, parecen haber estado trabajando con los mismos planos. Cada uno hubiera reconocido el Icono de Dios Mismo del otro como propio.

La similitud visual de estos Iconos es solo la punta del iceberg. Los académicos nos cuentan que los egipcios y las antiguas culturas andinas siguieron la misma religión “equilibrio-de-la-dualidad-para-encontrar-el-centro” religion— que es precisamente la enseñanza transmitida y codificada en su pose del Icono de Dios Mismo:

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Al extender ambos brazos y manos hacia fuera del cuerpo, el Icono transmite el concepto de la dualidad -una idea expresada por los objetos gemelos mostrados “simetricamente” en cada mano (serpientes gemelas, bastones gemelos, animales gemelos, etc.) Interponiéndose entre las representaciones de la dualidad, la figura del héroe marca el punto “central” o de “equilibrio” dando así el mensaje central del Icono -encontrar el centro entre los opuestos-.

El Icono de Dios Mismo ha sido preservado a través de los tiempos en las tradiciones ocultas, que también han mantenido su significado de “equilibrio-de-la-dualidad-para-encontrar-el-centro”. Encuentro que existe una “memoria” moderna de este antiguo y global icono, llamado Rebis, que ha sido conectado simbólicamente con la Masonería:

 

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Rebis de la Theoria Philosophiae Hermetica (1617) de Heinrich Nollius. Sol (y el compás masónico) en la mano derecha; Luna (y escuadra masónica) en la mano izquierda. El icono tiene dos cabezas. Masculina a la derecha, femenina a la izquierda.

En un artículo titulado Secreto y Poder Simbólico en la Masonería Americana, que apareció en el Diario de Religión & Sociedad (Volumen 3, 2001), el experto en religión comparada, Hugh B. Urban de la Universidad Estatal de Ohio describe esta figura:

“… el “Misterio del Equilibrio” o coincidencia de opuestos… Este es… el secreto del equilibrio universal entre el bien y el mal, luz y oscuridad… Masculino y Femenino, Sol y Luna, luz y oscuridad- simbolizado por el compás y la escuadra masónica… todo procede de la misma fuente…”

En mi libro de 2011, Written in Stone, propongo una historia alternativa de la religión, una que ve la antigua espiritualidad como un proceso de superación de las fuerzas opuestas en el propio físico (corporalmente)  para descubrir el equilibrio espiritual y la fuerza interior. Para apoyar esta idea, señalo cómo todas las antiguas culturas del planeta -y especialmente las culturas de las pirámides- construyeron “Templos Trípticos” (término que yo acuñé) para expresar esta sabiduría del “equilibrio-de-la-dualidad-para-encontrar-el-centro”:

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El verdadero secreto acerca de Dios es que nunca fue un Dios externo en el sentido bíblico. El único dios eres tú, el yo interior (tú “alma” espiritual) como opuesto al tú físico externo (tu “cuerpo” material); pero tienes amnesia acerca de quién eres en realidad. Un notable teósofo americano, Alvin Boyd Kuhn, escibió: “El hombre es dios en el cuerpo de un animal, según los pronunciamientos de la antigua filosofía…” La verdad de esta declaración fue conocida en tiempos antiguos y ha sido preservada hasta el presente, en claro desafío de la ortodoxia religiosa y la superstición, en gran medida gracias a la cuidadosa salvaguardia de las antiguas verdades espirituales de los Masones y otros miembros de Sociedades Secretas que comunicaron esta idea usando el mismo Icono.

Los siguientes Iconos de Dios Mismo de modernos manuscritos esotéricos comparten la misma postura. En cada caso la deidad central, replicando la pose del Rebis de arriba, sostiene un bastón solar en su mano derecha y un bastón lunar en su mano izquierda:

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Izquierda: El Mercurio alquímico, del Tripus aureus (El Trípode Dorado) de Michael Maier, de 1618. Medio: De un misterioso tratado alquímico llamado “Las Herméticas y Alquímicas Figuras de Claudius de Dominico Celentano Vallis Novi de un Manuscrito Escrito e Iluminado en Nápoles  dC. 1606” Derecha: De un tratado alquímico del Siglo XVI llamado “El Rosario de los Filósofos.”

Descubrir el Rebis fue un momento importante para mí ya que estaba claro que el Rebis es una versión moderna del motivo del Icono de Dios Mismo. Comencé a aprender sobre el significado del Rebis en manuscritos esotéricos, que describen el sol y la luna en las manos del Rebis, como emblemas significando la dualidad. Cuando apliqué esta clave a las antiguas culturas, sus Iconos del Dios Mismo comenzarón a cobrar vida.

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La similitud entre sus Iconos hace parecer que las antiguas culturas a lo largo de distintos continentes estuvieron relacionadas de algún modo, incluso sabiendo que estos lugares están geográficamente distantes, tan distantes que cualquier relación directa parece imposible. Académicos que han estudiado estos lugares creen que estas civilizaciones se desarrollaron independientemente, pero comparaciones lado-a-lado de los artefactos y monumentos de centros culturales a través del mundo parecen apoyar la idea de que lo que estamos viendo son dos guisantes de la misma vaina. Creo que la existencia de pirámides, arcos korbel en arquitectura y la momificación en diferentes continentes está más allá de la coincidencia:

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En Written in Stone, presento evidencias que apoyan la idea de que una temprana cultura madre de la “Edad de Oro”, ahora perdida en el tiempo, -la “civilización perdida” de Graham Hancock— puede haber sido el hilo en común que unía a estas culturas.

La historia de una avanzada “Cultura Madre” en la remota prehistoria fue establecida por el filósofo griego Platón, que la llamó “Atlántida.” Según nos cuenta Platón, las gentes de esta Civilización Madre no eran avanzados tecnológicamente, sino espiritualmente. Como Platón explica, los atlantes se debilitaron debido a sus tendencias materialistas, lo suficientemente débiles como para empezar a perder contacto con la divinidad interior que les garantizaba su poder:

Como Platón lo veía, los Atlantes fueron sofisticados gracias a su identificación con su “divina” naturaleza, en lugar de con sus rasgos “humanos”.

En The Missing Link, propongo la idea de que el Icono de Dios Mismo es una memoria de esta naturaleza divina en el hombre —una forma de recordar la divinidad dentro del cuerpo.

En la Grecia antigua, la historia de Demeter y Persefone, uno de los mitos fundacionales de Grecia, está estrechamente relacionada con esta idea. Los dioses griegos descendieron en gran parte por Demeter, dios de la cosecha, que precedió a la mayoría de los olímpicos, y cuyas imágenes más antiguas están representadas por iconos de Dios Mismo.

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Demeter, Dios de la Cosecha, representado como un Icono de Dios Mismo, período romano de la época Augusta.

“Durante muchas generaciones… obedecieron las leyes y amaron lo divino con lo cual estaban emparentados… reconocían que las cualidades del carácter eran mucho más importantes que su presente prosperidad. Así que se tomaban el gravamen de sus riquezas y posesiones a la ligera y no dejaron que su alto nivel de vida les intoxicara ni les hiciera perder el auto-control… Pero cuando el elemento divino en ellos se debilitó… y sus rasgos humanos se volvieron predominantes, dejaron de ser capaces de vivir su prosperidad con moderación.”

—Platón, Timaeus

La joven hija de Demeter, Perséfone, se extravió un día de su hogar en Arcadia (los cielos) mientras recogía flores en los verdes campos. De repente, Perséfone “cae” al Inframundo; Hadesinto the Underworld; Hades, por debajo, había ahuecado el suelo para que se la tragara. Superado por el dolor, Demeter buscó a su hija sin cesar, preocupado por su pérdida y su padecimiento. Las estaciones se detuvieron; los seres vivos cesaron de crecer, entonces empezaron a morir. Un desesperado Demeter suplicó al Dios Supremo, Zeus, que la liberara. Zeus concluyó que si Perséfone no había comido del fruto del mundo inferior, podría retornar a Arcadia. Pero lo había hecho, así tendría que vivir una parte de cada año en el Inframundo con Hades. Perséfone, en efecto, había comido una granada mientras estuvo en el Inframundo, condenándose a regresar abajo una fracción de cada año. El tiempo que Perséfone pasa en el Inframundo se relaciona con el Otoño e Invierno, y su regreso al mundo superior con la Primavera y el Verano.

Para interpretar este mito correctamente, es necesario primero  y ante todo, comprender que el mito no describe nada ni a nadie externo a ti. El mito habla sobre ti. Describe simultaneamente la dicotomía de tu condición espiritual inmortal y tu condición humana mortal. Demeter simboliza tu alma (el elemento divino que habita en ti, como diría Platón) mientras que Perséfone simboliza tu cuerpo (los rasgos humanos, según Platón). Demeter, tu alma, es eterna, poderosa, sabia y divina. Perséfone, tu cuerpo (que es la Primavera o “hija” de Demeter, al igual que tu cuerpo es la Primavera o “hijo” de tu alma), es ingenuo, imprudente,  lúdico y felizmente ignorante; como tal, Perséfone está sujeta, y de hecho se convierte en víctima de la atracción y las pasiones de la existencia material terrenal.

Como evidencia de esta interpretación de Demeter/Alma vs. Perséfone/Cuerpo, el mito compara y contrasta claramente el mundo superior del Cielo donde Demeter reside con el “inframundo” o mundo inferior de la Tierra, donde Perséfone reside finalmente.

El mito enseña que hemos caído del Cielo al Inframundo (Tierra), al igual que Perséfone. Hemos comido -y continuamos comiendo- el fruto de este mundo inferior con sus miríadas de semillas. Cuando morimos, dejamos este lugar y ascendemos de vuelta a la fuente. Pero, habiendo comido los frutos, el alma necesariamente gravitará de nuevo hacia abajo, porque, en palabras de Sócrates, “siempre está llena de cuerpo cuando se aparta, por lo que pronto vuelve a caer en otro cuerpo y crece con ella como si se hubiera cosido a ella.”

Este es el ciclo de la reencarnación, una enseñanza central de los Misterios. Es casi un ciclo sin fin que continuará hasta, tras aprender “las lecciones de la vida material/terrenal” dejamos de identificarnos con el cuerpo material que adquirimos durante el proceso de reencarnación y empezamos a encontrar nuestro verdadero Ser interior – el alma.

De acuerdo a Platón, Socrates dice que la “lección clave de la vida material/terrenal” es reconocer que la existencia terrenal se contruye de “pares de opuestos,” que aprisionan el alma impidiendo que se conozca así misma. Para dilucidar esta idea, Sócrates usa un cierto “par” de opuestos, llamados, “placer” y “dolor”:

“…Por cada placer y dolor, como si tuviera un clavo, clava el alma al cuerpo, la sujeta como con un broche, la hace corpórea y la obliga a figurarse que es verdadero lo que afirma el cuerpo. Pues por tener las mismas opiniones que el cuerpo y deleitarse con los mismos objetos, por fuerza adquiere, según creo, las costumbres y el mismo régimen de vida que el cuerpo y se hace de tal calaña que nunca puede llegar al Hades en estado de pureza, sino que parte allá contaminada siempre por el cuerpo, de tal manera que pronto cae de nuevo en otro cuerpo y en él echa raíces, como si hubiera sido sembrado, quedando, en consecuencia, privada de la existencia en común con lo divino, puro y que solo tiene una única forma.”

Existe un paralelismo de estas ideas con la antigua religión Zoroastriana, fundada por el profeta Zaratustra (Zoroastro), que ve el mundo como una arena para la batalla de los dos seres fundamentales Luz/Bien y Oscuridad/Maldad, representadas en dos figuras divinas antagonistas: Ahura Mazda en el lado del bien contra Ahriman en el lado del mal.

“… en el mundo de los fenómenos existe un par de opuestos en conflicto: luz/oscuridad, verdad/falsedad, salud/enfermedad, lluvia/sequía… vida/muerte, cielo/infierno.

—Karigoudar Ishwaran, Ascetic Culture: Renunciation and Worldly Engagement edited

Esta dualidad fue personificada en la primitiva deidad “Creadora” de la religión persa, una figura “andrógina” llamada “Zurvan,” representada en el centro en esta imagen:

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El llamado “dios del tiempo y la eternidad,” Zurvan, es descrito por los académicos como el “padre neutral” del “buen” dios Ahura Mazda y el “malvado” dios Ahriman. Estos gemelos nacen y emanan de cada lado de él, como muestra esta imagen en una antigua plancha de plata. Con sus hijos representando el par de opuestos, Zurvan se sitúa en el “centro” entre ellos, mirando adelante.

La neutralidad de Zurvan entre dos opuestos es persinificada aquí por su sorprendente pode de Dios Mismo. Parece compartir un brazo con ambos, Ahura Mazda (el bien) y Ahriman (el mal), compartiendo una llama con su mano “buena” y otra con su mano “mala”.

Pero Zurvan no es ni bueno ni malo; él es el Eterno Ser entre estos dos opuestos temporales. Él es neutral. Zurvan es por esta razón conocido como el dios de la luz y la oscuridad, bueno y malo, correcto e incorrecto… De hecho, estos no son sus brazos, aunque parecen serlo. Estos son los brazos de sus dos mitades —sus lados derecho e izquierdo, bien (Ahura Mazda) y mal (Ahriman), que parecen emanar de él, como las caras gemelas femenina y masculina que emanan del Buddha.

El Zoroastrismo enfatiza unos altos estándares morales, con la salvación lograda por aquel que establece el equilibrio y se da cuenta que no es ni bueno ni malo; en su lugar, es un ser eterno experimentando temporalmente esta aparición terrestre aquí en el reino material. Ahura Mazda no es un dios personal como el Dios de la Biblia, sino más bien un modelo que codifica la sabiduría perteneciente a la constitución física y espiritual de cada hombre y mujer. Zurban es también un modelo que las masas deberían esforzarse en seguir. La adoración es centrada en esta idea, no en una relación personal con Dios.

El Icono de Dios Mismo fue una parte importante del vocabulario de las expresiones políticas y religiosas en tiempos antiguos. Los artistas que representabal a Alejandro el Grande usaban la pose de este Icono, quizás como un mensaje para la posteridad, diciéndonos exactamente cómo volvernos tan poderosos:

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La religión, para los antiguos, no fue una fuerza homogeneizadora como lo es para la mayoría de creyentes hoy día. Tu propósito como ser espiritual no es obedecer los dictados de un conjunto de viejas reglas, ni rezar oraciones prescritas a ciertas horas del día, ni sentarte con un enorme grupo de gente afín moviendo la cabeza ante los viejos tópicos de un sacerdote. En lugar de eso, el Icono de Dios Mismo nos invita a desarrollar nuestros talentos al máximo, meditar acerca de nuestros propósitos individuales (o Voluntad) y actuar acorde a ello, y convertirnos en los más grandes ejemplos de nuestros mayores propósitos. No somos ovejas que hayan de ser pastoreadas por sacerdotes; somos seres espirituales independientes y auto-suficientes que tienen un propósito que trasciende nuestras funciones corporales y necesidades sociales.

The Missing Link se construye sobre lo que construí en Written in Stone, para mostrar que uno de los símbolos más importantes en la historia humana ha sido malentendido y pasado por alto. Y lo que es más, este símbolo, adecuadamente apreciado, es tan poderoso para la gente de hoy día como lo fue para nuestros ancestros de la Edad de Piedra. De hecho, una de las motivaciones de mi interés en antiguas civilizaciones fue mi relación casual con el movimiento masónico. La Masonería imitó conscientemente símbolos del pasado de un modo que hizo hincapié en los conceptos espirituales. Me siento inmensamente agradecido porque lo hicieran de un modo que preservara algo del pasado que de otro modo hubiera sido olvidado por completo.

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Traducción y realización por Rahmakandra

De la web de Richard Cassaro

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